Siempre me ha gustado el arte impresionista, el arte de Manet, Monet, Degas, Renoir, Cézanne.
Uno de los cuadros de este grupo que más me fascina es "El bar de las Folies-Bergère" (1881-1882) de Edouard Manet.
El pintor nació en 1832 en París, fue el gran maestro del impresionismo, artista anticonformista y original.
En 1863 realizó "El desayuno sobre la hierba", obra muy importante en la pintura del XIX siglo; con "El bar de las Folies-Bergère" muestra su ingenio y su modernidad.
El público no entendió su trabajo, como no había entendido las otras obras, porque miraba no la forma artistica, pero el sujeto: una mujer rubia, bonita y joven, Sozan, una camarera del bar, con las manos sobre el banco, la vista ausente.
Es una figura que encanta, misteriosa: no podemos saber lo que piensa. Un espejo detrás de ella nos muestra un hombre, un cliente que le habla a ella. Delante de ella una natura muerta muy bonita por sus colores.
En el espejo se ve la gente y una araña de cristal.
La luz y el color son la belleza de este cuadro, que representa un peronaje femenino único y, detrás de ella, el mundo parisino de la fin del XIX siglo, lejano y magnifico.

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